Tela bramante, la tela ideal para una sábana

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Uno de mis recuerdos de niña, cuando visitaba a mis abuelos paternos en Puebla, era entrar a un estilo de vida diferente al que teníamos en casa.

Mi abuelita, si bien ya era una persona grande, en todo momento se encontraba haciendo pequeñas maniobras en su casa. Una casa un tanto diferente a las que estaba acostumbrada a ver, puesto que la casa rodeaba totalmente al patio, algo así como una hacienda, sólo que en pequeño.

Ir de una habitación a otra requería pasar forzosamente por el patio, el cual estaba adornado con muchas macetas con plantas frondosas y no era apto para jugar pelota ni correr. Así que mis hermanos y yo estábamos un tanto restringidos en movimiento.

Sin embargo, como todo niño, éramos muy curiosos y esto se aprecia más en una casa ajena. A cada rato visitábamos las diferentes áreas de la casa, brincábamos de un cuarto a otro, de la cocina a la sala y jugábamos tanto el recibidor como en el patio. En fin, nos adaptábamos por esos días de visita en la casa de la abuela.

Algo que mamá nos reforzaba mucho era que ayudáramos con las labores de la casa, así que cuando veía a mi abuelita de afanosa, me ofrecía ayudarla. Con ella aprendí que en su casa cada cuarto tenía prácticamente sus propios utensilios de limpieza. Era un tanto complicado, mas era divertido adivinar cuál era la escoba de qué cuarto o su franela de limpieza.

Lo que más me llamaba la atención es la religiosidad con que ella realizaba las tareas de limpieza en cada habitación. Era muy metódica y todos los días realizaba exactamente las mismas tareas. Por ejemplo, después de desayunar, la cocina era su primer área de limpieza y no salía hasta dejarla impecablemente limpia y lista para la hora de preparar la comida.

De ahí se pasaba a su habitación y lo primero que hacía era cambiar las sábanas de su cama. Todos los días ponía sábanas limpias, eran unas sábanas muy blancas, planchadas y perfumadas. Al colocarlas en la cama se sentía una suavidad increíble sin mencionar lo blanco de la tela.

Mi abuelita me compartía que para ella el tener una sábana limpia y perfumada donde dormir por la noche la hacía descansar plenamente. Otro factor importante era que fueran suaves y 100% algodón. Era curioso escucharla decir, “… adoro mis sábanas de tela bramante, son lo mejor para descansar”. Y todos los días me decía la misma frase.

Ya de vuelta en casa, en una ocasión le comenté a mi mamá si nuestras sábanas eran de tela bramante, porque yo también quería descansar en mi cama. Mamá me sonrío y dijo, “… esa es una tela que se usa generalmente para confeccionar las sábanas. Tu cama también tiene esa tela, sólo que no te has dado cuenta”.

Ahora que recuerdo estas anécdotas, me puse a investigar qué tiene de especial esta tela que hacía a mi abuelita descansar. Resulta que una tela bramante es 100% algodón lo que ayuda a que la piel transpire y mantenga tu temperatura corporal en las diferentes estaciones del año.

Y lo que la hace suave es la calidad de la materia prima, el grosor del hilo y el acabado que le da el fabricante.

Lo ideal para este tema de las sábanas y su confort es encontrar la tela bramante ideal para ti. Ya sea que encuentres una marca con la cual te sientas cómoda con su producto o recurras a visitar una empresa como Modatelas para comprar tu misma la tela que vestirá tu cama y confeccionarlas en casita.cama

Esto último fue lo que hizo mi mamá por mucho tiempo, me llevaba a la tienda, yo misma elegía la tela que al tacto me resultara agradable y ella cosía mis sábanas.

Hasta la fecha, hago una combinación entre comprar las sábanas y hacerlas yo misma. Noté también que de forma casi inconsciente se me viene la imagen de mi abuelita cada vez que cambio las sábanas. En fin, ahí queda la anécdota y mi abuelita en mis pensamientos.